Y ¿Por qué otro blog?

Esto no es una promesa de año nuevo. Hace bastante tiempo deje de hacerlas, más por vergüenza que por cinismo. Tampoco es un diario de sufrimientos sobre lo difícil que es ser papá, y conste que a ratos lo es. No es una vitrina para exhibir mi abnegación, no es eso lo que tengo, ni, MUCHO MENOS, una guía de paternidad. Esto es un desahogo. Un grito al vacío.

Espero que me lean ¿Quién no? Pero si nadie lo hace igual este sitio habrá cumplido su cometido.   Escribo como un padre de dos que se ha dado cuenta que no sabe nada.

Ayer fue mi primer día solo con Oliver y Dominic. Dominic tiene cuatro años, Oliver tiene 3 meses. En ninguno de mis planes de vida me veía a los 33 años en casa cuidando a mis hijos mientras mi esposa trabaja. Así me ha tocado la baraja.

los 3

 

Si alguien me pregunta si trabajo técnicamente debo responder que no. No tengo un salario, no tengo un horario y no tengo un jefe sobre mí diciéndome que debo hacer cada día. Si alguien me pregunta a que me dedico suelo decir que estudio y cuido de mis hijos. Siempre digo primero que “estudio” porque eso hace sentir a la gente aliviada, les da una referencia para enmarcarme y confianza para mirarme a los ojos.  Si por accidente dejo escapar primero que me quedo en casa con mis dos hijos. Las miradas de lastima o comprensión fingida no se harán esperar y probablemente la conversación muera recién iniciada pues. ¿Qué se puede hablar con un hombre que hace cosas de mujeres?

 

Es cierto que estudio, pero si me tocara definirme diría que soy un papá a tiempo completo. Lo que los gringos llaman un “stay at home dad”. Paso las 24 horas del día con mis hijos. Lo disfruto, casi siempre, y lo sufro, a veces más de lo que me es permitido admitir.

La experiencia ha sido transformadora por usar una palabra. Mis certezas se han diluido entre biberones, pañales y cafés enfriados y mis planes de vida han pasado a sobrevivir los próximos años descubriendo quien soy y de paso dejando a mis hijos descubrir quienes son ellos y que quieren hacer con su vida.

Este blog lo inicio sin pretensiones. Quizás su mayor pecado es no tener rumbo. Sera un desahogo o un megáfono según vaya siendo el caso. Me reservo el derecho de escribir lo que venga en gana y cuando me venga en gana. Eso sí, soy un padre de dos y todo lo que escriba vendrá desde esa perspectiva. Esas son las reglas del juego. Son bienvenidos a acompañarme, a juzgarme o a simplemente pasar de largo.

Debo dejar esto aquí pues alguien llora en la habitación de al lado.

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