Noche de vomitos.

Levantarse cubierto de vómitos a las 2 de la mañana no entra en el top ten de las ventajas de ser papá. Estoy seguro. Pero pasa de vez en cuando. Anoche, Dominic se deslizó hasta nuestra cama buscando calor, supongo. Oliver, sin embargo, se le había adelantado y estaba comiendo. No había espacio para Dominic.

Es en esos momentos cuando cruza por mi cabeza que en un par de años Dominic no querrá pasarse a nuestra cama. Así que, le digo que iré con él para acostarme en su cama. Acostarse en la cama de un niño de 4 años, para quien no sepa, equivale a recibir patadas y codazos toda la noche y uno que otro abrazo que compensa el resto del daño.

Unos cuantos minutos más tarde estoy cubierto de vómitos mientras Dominic se encarga de distribuirlo equitativamente entre mi suéter, las almohadas y las sábanas. Dominic no sabe qué pasa. Le explico que vomitó y que es así como nuestro cuerpo nos dice, a veces, que hay algo en nuestro estómago que debe salir y rápido.

Cambiar sábanas y almohadas, un viaje rápido a la lavadora y vuelta a dormir. O, al menos vuelta a la cama, a pensar si todo estará bien, si será algo más serio, si volverá a vomitar. Las preguntas obtienen pronta respuesta cuando Dominic suelta otra descarga y todos estamos, una vez más, cubiertos en vómitos.

La escena se repite al menos tres veces más. ¿Lo llevo al doctor? ¿Soy uno de esos papás paranoicos? Hablo con Hannah quien llama a una enfermera para aclarar dudas. La enfermera hace las preguntas de rigor y apunta que no hay que darle líquidos. Yo lo había atosigado de líquidos pues tenía muy clara que uno de los principales peligros del vómito es la deshidratación. Si vomitas; toma líquido ¿no? Pues no.

La enfermera recomienda llevarlo al doctor porque aún es pequeño. Lo llevamos a urgencias, la espera es breve y el buen humor de Dominic hace que la gente se nos quede viendo para saber quién es el enfermo. Seguramente, más de uno apostó por mí luego de notar mi cara de desvelo y mis pijamas anticongelantes.

La doctora dice que no ve nada serio, que nos va a enviar una medicina y que le demos líquidos de a poco y chequeemos otros síntomas que -de tenerlos- podrían indicar que está peor. No pasa nada que indique que está peor y Dominic toma una larga siesta en la tarde. Se siente mejor y ya no ha vomitado.

Empecé este escrito pensando hacer algunos paralelismos sobre como “creemos saber cosas” y luego descubrimos que estamos equivocados. Como yo, dándole líquidos cuando debía darle tiempo. Pero creo que al final no va a ser necesario. Solo quería contar que tuve una de esas noches locas que todos los papás conocen alguna vez y que Dominic parece irse recuperando a buen ritmo. Yo por otra parte, soy un caso perdido.

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