Bodas · Viajes

Del 2018 y sus bodas.

Podría resumir el 2018 de diferentes formas. Dominic empezó la escuela y, con ello, una nueva capa de su personalidad que nos ha tocado ir conociendo.  Oliver empezó a caminar a los 9 meses, como si yo no tuviera suficientes cosas qué hacer, y se ha convertido en un pequeño corredor en las ultimas semanas. Fue el año del mundial de fútbol en que Panamá asistió por primera vez y, por supuesto, fuimos duramente vapuleados. Pero mi 2018 se resume en bodas. Sí, bodas. Al parecer, entre más viejo te haces, te toca asistir a más y más bodas; supongo que en unos cuántos años serán funerales.


Pero mi 2018 se resume en bodas. Sí, bodas. Al parecer, entre más viejo te haces, te toca asistir a más y más bodas; supongo que en unos cuántos años serán funerales.


Asistí a tres bodas durante el 2018 y cada una no pudo ser más diferente. La primera ocurrió en Idaho. Era pleno verano y pleno mundial. Aún resiento que hagan este tipo de actividades en medio de la Copa del Mundo. La boda, para mí, fue hueca y sin significado. No conocía muy bien a la pareja, al menos a una parte de la misma, y por lo poco que había visto, era una de esas típicas relaciones abusivas donde una persona lleva las riendas y la otra debe aprender de la mejor manera a ser la persona que el otro espera. Fue una boda rara, de esas que te dejan un extraño sabor en la boca y un signo de interrogación en la cabeza, esas bodas a las que hay que asistir porque, como bien dice el gran filósofo Rubén Blades: “Familia es familia”. A veces hasta Rubén se equivoca.

La segunda boda fue de una amiga de Hannah. En este caso, mi conocimiento de los novios era aun más limitado. Sin embargo, fue una de esas bodas llenas de palabras de los amigos, de memorias compartidas entre ellos, de guiños secretos y complicidad, de esas bodas que te hacen pensar que hay cosas bonitas en el mundo y tú eres privilegiado al poder presenciar algo como eso, así sea sin mayor contexto. Fue una de esas bodas que te dejan con una sonrisa de oreja a oreja y la reconfortante convicción de que hay bondad en el mundo.

La tercera boda a la que asistí fue la de unos amigos muy queridos y cercanos. Andrea y Collin se han convertido en nuestra versión extendida de familia aquí en el frío D.C.  Han llegado a ser amigos entrañables, con quienes bien puedes planificar una compleja comida o simplemente sentarte a conversar de la vida mientras calientas unas pizzas.

Su boda fue en Oaxaca.  El viaje se merece un post aparte pues, además de la aventura de viajar con dos niños, el lugar es precioso. Pero la boda en sí fue algo más especial para mí, en lo personal. Yo conocía a estas personas y los había visto pasar por diferentes etapas de su relación. ¿Sabes cuando no te queda ninguna duda que la razón de esa boda es el amor? Esa boda fue así. Han pasado unas cuantas semanas y Hannah y yo todavía miramos las fotos, sonreímos y nos sentimos privilegiados de tener amigos que nos hacen participe de su amor.

Nunca pensé que un año mío se resumiría en bodas, pero así de raro fue el 2018.

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